viernes, 12 de abril de 2019

Manuel Malaver: ¿Es posible derrotar a Maduro sin ayuda militar extranjera?

Manuel Malaver

La pregunta pende en cualquier reunión que se planifique o improvise hoy día entre venezolanos que se aproximen al escalofrío de su futuro y responderla no importa tanto como la certeza de que algo que no convence está segregando el liderazgo democrático opositor que ha tomado la responsabilidad de conducir la lucha contra la dictadura a una victoria segura.


Suena a impaciencia -¿qué duda cabe?- pero igualmente incluye el desconcierto que promueve la paradoja de que, mientras la secta narcosocialista de Maduro y Cía pareciera avanzar en su estrategia de “tierra arrasada”, sobre los cielos de Venezuela apenas vuelan los helicópteros artillados de los colectivos, o los dos aviones de combate rusos que aterrizaron la semana pasada en Maiquetía con 100 oficiales del exEjército Rojo que vinieron hacernos “una visita de cortesía”.

Pero también vuelan en estos días aves de rapiña sobre los cielos de Venezuela, algunas -dicen reportes-originarias del Medio Oriente, del Sudeste de Asia y del Caribe Occidental, y otras más conocidas, como los infaltables zamuros, siempre dispuestos a dar cuenta de los desechos de cualquier tipo de destrucción natural, animal o humana perpetrada en tierra venezolana.

Pero sería impropio -más bien injusto- no reseñar que abajo, a ras del suelo, ocurren otras cosas, digamos más limpias, más claras, más saludables, como la convocatoria de ayer sábado a una gran manifestación de apoyo al Presidente Encargado, Juan Guaidó, cercado por la amenaza de los sicarios que tiene Maduro en una pandilla que llaman la ANC y que busca enjuiciarlo y meterlo entre rejas.

En otras palabras, que una declaración de guerra de la pandilla del seudopresidente y dictador sin identidad conocida contra la República democrática y constitucional que preside, por decisión popular, Guaidó, y quien, con la política de “tierra arrasada” y la amenaza de detenerlo, enfrenta el mayor peligro que le ha tocado hasta ahora.

La continuación del “estado de sitio” que se inició con la prisión de su jefe de gabinete, Roberto Marrero, siguió con el colapso del sistema eléctrico, la ausencia casi absoluta de la red de distribución de agua que, como advertía el jueves el doctor y especialista, Rafael Arreaza, nos lleva a las puertas de una gran tragedia gastrointestinal, y la represión que los colectivos armados llevan a cabo contra las protestas que se hacen sentir a lo largo y ancho del país.

En breve que, todo lo que el Presidente Encargado, Guaidó, necesita para lograr otro contundente respaldo del pueblo venezolano, para que Caracas y todas las capitales de los Estados, así como los pueblos grandes, medianos y pequeños se vuelquen a escuchar su mensaje, a aplaudir sus propuestas, a identificarse con su espíritu de lucha y a mostrarse en todo dispuesto a acompañarlo en su cruzada por la libertad de Venezuela.

Tal cual ha ocurrido en todas las manifestaciones, concentraciones y movilizaciones a que ha convocado al país desde el 23 enero pasado, cuando produjo la sorpresa política más oportuna, esperada y celebrada de cuantas ha vivido Venezuela en los últimos 20 años y de las que siempre se esperó que sería la última antes de llegar al abismo final después del cual no quedaba sino derrocar la dictadura.

Pero la dictadura siguió ahí, permaneció ahí, se mantuvo ahí y, lo que es peor, llevando adelante políticas cada vez más crueles, más perversas y más inhumanas y que en ningún sentido demostraron que se sentía intimidado, concernido y sacudido como para dar marcha atrás y proponerse algún arreglo o acuerdo con la oposición que revelara que, al borde de verse rodeados de manifestaciones, concentraciones y movilizaciones, también se aprende.

Todo lo que, seguramente, ocurrirá después de ayer, pero ahora en circunstancias de que ya casi no queda país, si por tal entendemos la existencia de una comunidad medianamente funcional, con los servicios de electricidad, agua, salud, educación, transporte y seguridad funcionando o a medio funcionar, y no el colapsado, y al límite de la sobrevivencia que nos está dejando la política de “tierra arrasada” de la secta de Maduro y sus narcosocialistas.

Y que tiene que llevarnos a la pregunta con que comencé este artículo y que no puede ser otra que: ¿Aparte de las manifestaciones, concentraciones y movilizaciones para derrotar a Maduro no nos está haciendo falta un “extra”, una salida distinta de las que ya se pueden llamar ortodoxas y convencionales y que debe ser decidirnos como país democrático, miembro de una comunidad perteneciente a una cultura y a una civilización donde nació la libertad, para dirigirnos a nuestros aliados, a los países hermanos que se han identificado con el gobierno parlamentario de Guaidó, a que concurran en nuestra ayuda , y de conjunto, derrotemos a una dictadura que ya dura 20 años, contra la cual se han quebrado todos los esfuerzos y sacrificios, todas las formas electorales y pacíficas y solo ha demostrado que se derrumbará ante fuerza armada que la sobrepase y arrase?.

Es la respuesta a la pregunta, a la incógnita de la ecuación, que ya se discute y plantea donde se encuentren venezolanos de cualquier credo, edades, orígenes y géneros y que sin duda deben haber discutido o empezado a discutir los hombres del entorno íntimo de Guaidó pero sin decidirse por el camino a elegir.

Y es que, como en la mayoría de los liderazgos políticos latinoamericanos a Guaidó también lo rodean socialdemócratas, cristianodemócratas, centroizquierdistas y centroderechistas, en ningún sentido partidarios de que la salida a la catástrofe humanitaria venezolana tenga que ser violenta y fuera de las pautas “pacifistas” y “electoralistas” que son las únicas establecidas, dicen, en la Constitución.

O cuando no patriotas voluntaristas, autonomistas y provincianistas (los amantes de la “patriecita” los llamaba Bolívar) que opinan que los venezolanos no podemos admitir que otros países vengan a liberarnos, y que solos podemos derrotar a Maduro y sin la ayuda de “héroes” de otros latitudes que vengan a regalarnos a libertad.

Lares por los que deseo de todo corazón no ande pateando Guaidó, pues lejos de conducirnos a una Venezuela libre del neototalitarismo que rusos y cubanos se empeñan en remacharnos, sería para ir de marcha en marcha y de manifestación en manifestación que ningún pueblo hambriento, sin luz, ni agua puedo sostener por mucho tiempo si no conduce a nada.

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