lunes, 21 de enero de 2019

Cómo se repartieron Chávez y Kirchner los bonos argentinos

El testimonio ante la justicia de un testigo arrepentido, Claudio Uberti, quien por años sirvió como embajador oficioso de los negocios K en Venezuela, permite ahora conocer la discrecionalidad con que se emplearon fondos públicos venezolanos para alimentar milmillonarias transacciones privadas con bonos de deuda argentina. El periodista Daniel Santoro tuvo acceso a la declaración de Uberti y relata cómo los presidentes de ambos países se asignaron entre 2005 y 2007 parte de los beneficios en efectivo que se obtenían mediante operaciones especulativas con esos papeles en el controlado mercado cambiario venezolano. Nelson Merentes y Rafael Ramírez tenían roles clave en el cálculo y distribución de las ganancias.

DANIEL SANTORO


El ex representante especial de los gobiernos Kirchner ante Venezuela, Claudio Uberti, involucró al ex presidente del Deutsche Bank en Argentina y secretario de Finanzas K, Alfredo McLaughlin; al ex presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez Carreño, y al ex titular del Banco Central de Venezuela, Nelson Merentes, en el cobro de un soborno de 50 millones de dólares por la compra de bonos argentinos Boden 2012.

En su ampliación de indagatoria completa como arrepentido ante la justicia argentina, Uberti reveló detalles increíbles de cómo Hugo Chávez, entonces presidente de Venezuela, aceptó el pedido de su colega argentino, Néstor Kirchner, de mandarle "11 de los 25 millones de dólares" en un vuelo privado y que la operación fue realizada por "bancos amigos", que no identificó. El acuerdo eran 25 millones de dólares para Kirchner y 25 millones de dólares para Chávez, mientras que los bancos intermediarios se llevaron otros 50 millones.

McLaughlin había asesorado a Kirchner sobre cómo invertir en el exterior los 630 millones de dólares de los fondos de Santa Cruz -provincia patagónica de la que Kirchner fue Gobernador antes de conquistar la presidencia argentina- y luego fue nombrado secretario de Finanzas de la Nación.

En 2003, Kirchner tenía una cuenta con 1,7 millones de dólares en el Deutsche Bank de Nueva York.

Por su parte, Ramírez Carreño fue embajador de Venezuela ante la ONU y Merentes, presidente del Banco Central hasta diciembre del año pasado cuando el presidente Nicolás Maduro hizo cambios en su Gabinete.

En su declaración, a la que accedió Clarín de fuentes judiciales, Uberti recordó que en agosto de 2005 escuchó a Kirchner que le dijo al entonces ministro de Economía Roberto Lavagna: “Explicale a Chávez cómo es el tema de la ayuda financiera que necesitamos”.

Entonces, Lavagna le respondió: “Necesitamos que compre unos 500 millones de dólares de bonos argentinos”.

Uberti, que era además titular del Occovi (el organismo de control de los peajes en Argentina), se había ganado la simpatía de Chávez el año anterior cuando le había pedido que le autografiara una versión de bolsillo de la Constitución bolivariana.

Luego, en diciembre de ese año, viajó a Caracas con el subsecretario (viceministro) de Combustibles, Cristian Folgar. Sorpresivamente, Chávez los invitó al palacio de Miraflores. sede del gobierno venezolano, y durante una charla de tres horas les preguntó si aún Argentina necesitaba los 500 millones. Uberti, entonces, le pidió permiso a Chávez para salir y llamar a Kirchner. Finalmente lo ubicó, a través del secretario privado Daniel Muñoz y, al trasladarle la pregunta, el presidente le contestó: “Pedazo de pelotudo, decile a ese que los mande inmediatamente”. Volvió a la reunión y le comunicó a Chávez el mensaje sobre los denominados bonos Boden 2012. Cuando regresó a Buenos Aires, la operación ya se había realizado.

En julio de 2006, Uberti estaba en una reunión con el entonces gobernador de Córdoba -provincia del oeste de Argentina-, Juan Manuel de la Sota, y su equipo, en la capital cordobesa, cuando recibió una llamada urgente de Ana Carelli, secretaria privada del entonces ministro de Planificación, Julio De Vido, quien le ordenó “volver urgente a Buenos Aires porque estaba el ministro de Economía de Venezuela, Nelson Merentes”. Pidió disculpas y regresó ese mismo día a Buenos Aires.

Apenas arribó, secundó a Merentes y lo acompañó en un auto oficial hacia el aeropuerto de Ezeiza -el mayor de los que sirven a Buenos Aires-, donde le dio explicaciones técnicas -que no entendió- sobre “lo bien que les estaba yendo con los bonos argentinos”. Sacó una tira de impresión de una cuenta bancaria y le señaló que “acá están las ganancias, pregúntale a tus superiores cómo les hacemos llegar su parte”.

Uberti recordó que Merentes le mostró “muchísimas cuentas y por montos elevados” y le explicó cómo era la maniobra. “Ellos buscaban bancos de inversión 'amigos' y le entregaban los bonos argentinos; con esos bonos los bancos iban al mercado financiero venezolano y conseguían, gracias a las gestiones del gobierno chavista, dijo, dólares al cambio oficial. Luego esos dólares los vendían en el mercado informal. La diferencia, según me explicó, se la quedaban mitad los bancos y mitad los gobiernos”.

Entonces, Merentes le indicó que “le avisara a mis superiores que tenían la plata que les correspondía a ellos, que me dijo que eran algo así como 25 millones de dólares y que necesitaba instrucciones de qué hacer con ella”. 

Inmediatamente, se comunicó con De Vido para transmitirle el mensaje de Merentes y este le contestó: ”Hablá con el malo”, en alusión al presidente Kirchner. Al día siguiente, Uberti le trasladó la pregunta de Merentes al propio Kirchner, quien lo instruyó así: “Te vas con Alfredo urgente a Venezuela y que Merentes le explique bien a él cómo es la operación”.

 
A los dos días, viajó con el secretario de Finanzas y ex banquero, McLaughlin, a Caracas “en un avión chico contratado por el gobierno”. En la capital venezolana los recibió Merentes. “Yo era la cara 'conocida' pero no tenía ningún tipo de injerencia en la conversación (y la verdad, no entendía mucho). Merentes le explicó a McLaughlin qué hacían con los Boden 2012”.

“No tengo conocimiento si el presidente Kirchner y McLaughlin se reunieron, pero lo que puedo afirmar es que a los dos o tres días de regresar de aquella visita me llamó Néstor Kirchner y me dijo: 'Decile a tus amigos venezolanos que quiero la mitad de lo recaudado en billetes físicos en Buenos Aires'”, agregó Uberti en su ampliación de indagatoria.

A fines de julio del 2006, Chávez arribó al Aeroparque Metropolitano -otro aeropuerto que sirve a la ciudad de Buenos Aires- y Uberti le transmitió cara a cara el pedido de Kirchner. Con naturalidad, el presidente venezolano, entre una multitud de funcionarios, llamó a Merentes y le dijo que se reuniera con Uberti para arreglar “el asunto”. Se encontraron en el Sheraton y le solicitó enviar los “billetes a Buenos Aires”. Sorprendido, Merentes contestó que le parecía “imposible” y que él no sabía cómo instrumentar una operación de ese tipo.

Días después, Kirchner le ordenó que volviera a Caracas, donde se reunió con el ministro de Energía y titular de Pdvsa, Rafael Ramírez Carreño, quien le dijo que tenía instrucciones de instrumentar el “envío de 25 millones de dólares al sur”, a través de la petrolera estatal. Ramírez Carreño precisó que la gestión la iba a realizar Diego Uzcátegui -presidente de la sucursal argentina de Pdvsa- y que por teléfono iban a hablar de la coima como "la refinería”. Días después el titular de Pdvsa lo llamó para avisarle que iba un avión de su empresa con “once técnicos de la refinería” en alusión a la coima.

Junto con el secretario privado de De Vido, José María Olazagasti, fue al sector militar del Aeroparque Metropolitano a recibir a los funcionarios venezolanos que venían en el avión. Olazagasti “se encargó de los trámites y el control”. En el hall, Uzcátegui “separa tres o cuatro valijas” del resto y le dijo a Uberti: “Estas son tuyas”. Desde el aeroparque se trasladó hasta el departamento de los Kirchner entre las calles Juncal y Uruguay donde le entregó las valijas con el dinero al secretario privado, Daniel Muñoz.

En abril de 2007, durante la Cumbre Energética de presidentes sudamericanos realizada en la isla de Margarita -destino turístico en el Caribe venezolano-, Kirchner llamó a Uberti a su habitación y le ordenó que les exigiera a los venezolanos que “carguen en el avión presidencial el resto del dinero por la operación”.

Le trasladó el pedido a Ramírez Carreño y éste le contestó que “era imposible, puesto que había en la isla más de quince presidentes con sus delegaciones y su correspondiente personal de seguridad”.

Ante esta situación, Kirchner le ordenó que transmitiera a los venezolanos un mensaje sin vueltas: “Si no me cargan la guita en el avión, mañana no voy a la ceremonia de cierre de la cumbre”. Sin embargo, Ramírez Carrero insistió en que era “imposible”.

En el vuelo de regreso a Buenos Aires, el secretario Muñoz advirtió a Uberti que no se durmiera, pues Kirchner iba a llamarlo en cualquier momento. Viajaban en un Jumbo alquilado a Aerolíneas Argentinas. A mitad del viaje, el presidente lo convocó y le lanzó todo tipo de insultos por su “inoperancia”.

“Pedazo de pelotudo, inútil, nos volvemos con las manos vacías. Al final sos más empleado de los venezolanos que mío. Los venezolanos te agarraron de forro”, le lanzó. Y lo mandó a la parte de abajo del avión -el Jumbo tiene dos cubiertas-, como escarmiento. Al llegar a Buenos Aires, renunció a su cargo en medio del escándalo por el maletín de Antonini Wilson, del que afirmó no haber conocido su contenido.

El maletín de Antonini Wilson fue descubierto el 4 de agosto del 2007 por María Luján Telpuk, agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). En su interior se encontraron casi 800.000 dólares en billetes. La causa de la valija de Antonini se había cerrado y la reabrió el mes pasado el juez en lo penal económico Pablo Yadarola.

Esta confesión de Uberti está relacionada con una operación financiera de agosto del 2007. Ese mes Argentina concretó la colocación de deuda más cara desde el default del 2002: le pagó a Venezuela una tasa en torno al 10,6% por la compra de 500 millones de dólares en Boden 2015, en medio de un extraño contexto. Con la llegada del presidente venezolano Hugo Chávez a Buenos Aires, se avanzó en la negociación para la colocación de estos títulos. En principio, había trascendido que Venezuela compraría Boden 2015 por 1.000 millones de dólares. Pero la operación se hizo, finalmente, por solo 500 millones.

Este fue el aporte argentino a la tercera emisión del llamado Bono del Sur que se completó con un título propio del gobierno de Hugo Chávez. En aquella visita, el mismo Chávez había detallado que su país compró en dos años en total 4.572 millones de dólares en títulos argentinos.

La compra de bonos argentinos no fue la única relación financiera entre Néstor Kirchner y Hugo Chavez. En el 2004 se había creado un fideicomiso argentino-venezolano para el intercambio de fuel oil por productos industriales en el banco suizo UBS. El fideicomiso lo administraban la petrolera estatal Pdvsa y el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), y su cuenta en Argentina la manejaba el Banco Nación.

Pero en el 2010, luego de la denuncia pública del ex embajador argentino en Caracas, Eduardo Sadous, el UBS le pidió datos al Bandes para investigar si había habido operaciones de lavado de dinero, tal como reveló Clarín en el 2013.

Como consecuencia de la negativa del Bandes a dar “información detallada” de las operaciones, el UBS cerró la cuenta del fideicomiso. Según las fuentes, el banco suizo pedía datos sobre los movimientos financieros de las cuentas de la venezolana Compañía de Mecanizado Agrícola y Transporte Pedro Camejo S.A., y la argentina Madero del Plata S.A. (ex Madero Trading) para investigar si hubo lavado de dinero. Este aspecto de la relación con Venezuela lo investiga el juez federal Julián Ercolini.

En un cable secreto enviado por el entonces embajador argentino en Venezuela, Eduardo Sadous, a la Cancillería, y fechado el 28 de mayo del 2004, saltó la punta de la turbia relación financiera de los Kirchner con Chávez.

El informe relata que ese 3 de junio iba a llegar a Caracas una delegación oficial presidida por el secretario de Minería, Jorge Mayoral, e integrada por el presidente del Occovi, Claudio Uberti; el presidente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), Carlos Cheppi; el jefe de ceremonial de Planificación Federal, José María Olazagasti; y la asistente de ese ministerio, la rubia Victoria Bereziuk.

Agrega, en potencial, que el objetivo de esa comitiva sería tomar contacto con la petrolera Pdvsa, el Banco de Comercio Exterior (Bancoex), el Ministerio de Energía y Minas, y el Ministerio de Agricultura.

Sadous cerró su cable secreto con un ruego diplomático: “Por lo expuesto, y debido al total desconocimiento de esta sede sobre ese particular, se agradecerá poder recibir confirmación de la misma así como programa de actividades y vuelos respectivos”. Era el primer indicio de la “embajada paralela” que manejaba De Vido, a través de Uberti.

Como antecedente de las maniobras con los acuerdos bilaterales con la Venezuela chavista, Sadous informó además a la Cancillería que habían desaparecido “90 millones de dólares de la cuenta del fideicomiso que estaba en un banco en Nueva York (una sucursal del UBS) cuando lo trajeron a Caracas, lo vendieron en el mercado negro de dólares y luego pusieron esa plata en el mercado oficial, donde se hicieron de una diferencia de 14 millones de dólares. Esto fue en enero de 2005 y fue lo que motivó mi reemplazo por Nilda Garré”.

Sadous fue embajador en Caracas entre 2002 y 2005 cuando fue removido por Kirchner y luego en el 2010, cuando la diputada del ARI (Coalición Cívica Afirmación para una República Igualitaria, opositora a los Kirchner), Elisa Carrió, hizo trascender su cable secreto, De Vido le hizo un juicio y logró procesarlo por falso testimonio con el apoyo de jueces adictos a los Kirchner.

En ese cable Sadous alertó al entonces canciller, Rafael Bielsa, sobre la existencia de una “embajada paralela” a la suya, y también sobre las irregularidades en el fideicomiso binacional investigado ahora por la justicia. La “arquitecta” de ese fondo fiduciario fue Marta Cascales, pareja del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, entonces al mando de la secretaría de Comunicaciones.

El 25 de noviembre del 2004, el diplomático en otro cable secreto se explaya sobre el malestar que había entre empresarios que no podían acceder al registro de proveedores de Pdvsa para participar de las ventas a Venezuela debido a que existía “falta de transparencia en la gran central de compras de esa firma en Houston, Texas”.

Tras otras consideraciones, concluye: “Tal vez, la reciente creación del grupo informal de seguimiento del fideicomiso -con la coordinación venezolana del lic. Franklin Méndez y del Ing. Claudio Uberti por la parte argentina- genere un nuevo ámbito de debate donde este tema pueda reverse”.

El diplomático cierra su escrito con una frase ambigua sobre cómo se realizaban los negocios en Caracas: “A criterio de esta representación no deben generarse muchas esperanzas en lograr un acceso amplio de las empresas Gapp sin existir socios locales que conozcan los mecanismos, códigos y canales informales usuales en el ámbito petrolero en esta” (sic).

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